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Hoy, buscando al Ser (segunda parte)

Actualizado: 20 ago 2021

Quedé inquieta después de escribir mi entrada de ayer al blog. Quiero que esta nueva entrada se lea como una continuación de la anterior.


Sí quiero un mundo donde lo Femenino y Masculino se integren en el interior del alma de cada ser humano, estoy cierta que éste es el único camino hacia un mundo que transite todos los cuestionamientos de injusticia, dolor y sin sentido que ahora tenemos que contestar. Ese mundo requiere que dentro de cada uno de nosotros podamos finalmente integrar lo sustentativo femenino y lo creativo masculino. Solo así podremos empezar a encontrar las respuestas que ahora nos evaden y que provocan vivir en el mejor de los casos, en la anorexia existencial de quienes se encierran en la evasión y depredación como salida, y en el peor, el clamor de la injusticia de todos y en todo. En el planeta que se volvió llanto. Sólo así, habrá un día en que los símbolos que se vuelven sueños serán realidad. Tal vez será. Por esto me debía a mi misma esta ¿revisión? del texto de ayer. En este sentido este escrito debería anticipar al anterior. Como anticipa la justicia al amor. El amor incluye y trasciende a la justicia. Antes de hablar de esperanza tenemos que no olvidar. No olvidar en el sentido de estar ciertos que antes de buscar los nuevos nombres de la esperanza, sabemos por qué y dónde tenemos que buscarlos.


De todas las formas de depredación e injusticia cometidas hacia las mujeres en estos treinta mil años de patriarcado, las formas han sido infinitas. Siempre asombra recordar las formas que los seres humanos hemos creado para la violencia. Margaret Atwood al ser cuestionada sobre qué tanto su visión del mundo que describe en The Handmaid’s Tale (esta novela iniciática sobre el dolor y la opresión de lo masculino hacia lo femenino, que todos deberíamos leer, como se leen textos sagrados, que cuando fueron escritos, eran una respuesta a sus tiempos históricos, Jeremías y todos los Profetas del Antiguo Testamento, como una voz a la desesperanza de la Israel ocupada) es real, contestó que no había nada ahí que nunca haya existido y sucedido en la larga historia del dolor humano.


Este no será un escrito para citarlas, esta "precuela" a la entrada del blog anterior es solo para señalar la que más duele. La que mas daño ha hecho, la que ha perpetuado en ciclos sin redención a generaciones tras generaciones de hombres y mujeres en guerra. Encerrar a las mujeres en el cuarto que nos ha impedido ser libres para aprender y explorar el mundo.


Yo soy la hija de una mujer notable, que en un pueblo perdido del sur de Sinaloa, que tuvo una carretera que lo unía al mundo hasta finales de los años 60s del siglo anterior, pedía de regalo de cumpleaños libros. Llegaban empaquetados desde Guadalajara sus libros. Pero esa mujer notable a la que su padre, y a la que cariñosamente le llamaba "mi niño", le concedía tener esos libros que pedía de regalo de cumpleaños cuando niña y más sorprendentemente cuando adolescente, no se le permitió estudiar, porque era muy feo que una mujer fuera a la universidad. Y en compensación la inscribieron en una escuela donde aprendería corte y confección. Soy la nieta de una mujer dulce y entrañable, que me decía, con esa misma voz siempre empática a todos, "lo único malo contigo mijita [era una niña entonces] es que nunca te quedas callada, siempre quieres preguntar, cuestionar a los adultos, eso no hacen las niñas buenas".


La opresión que pude haber sufrido por ser mujer, el abuso, la invalidación, está tejida en mi historia, como en la de tantas mujeres, con el hilo de lo cotidiano. Nada más, nada menos. Y sin embargo, es en el eco de todo ello que se cuelan las voces de La Historia, que unidas forman el estruendo de algo cósmico. De todas esas formas que asumen los verbos terribles como, usurpación, invalidación, violación, conmiseración, los verbos que sirven para nombrar en otro desde otro, la acción de provocar muerte metafórica, emocional, física, ninguno como el que nos ha hecho vivir una historia de milenios sentenciadas al no poder.


No poder ser quienes somos solo porque somos quienes somos.


No poder vivir nuestras vidas desde las elecciones nuestras.


No poder amar a quienes elegimos.


No poder dejar a quienes no queremos en nuestras vidas.


No poder.


Desde eso no poder cientos de miles de mujeres fueron quemadas en la hoguera. Desde ese no poder en cada guerra, las mujeres y sus cuerpos fueron instrumentos de vejación y desecho. Por ese no poder cada mujer se avergüenza de no ser lo que ese "novio o marido, o padre, o hermano, o jefe" le señalan que tendría que ser, solo porque ellos lo requieren o necesitan. Desde ese no poder ninguna niña de la historia, ninguna, salvo que contemos excepciones que tal vez solo sumen centenares en una historia de miles de años, a ninguna se le enseñó a leer y escribir y fue anatema para ellas leer.


Y este es el no poder que más reclamo, el que más ha hecho que las mujeres seamos las mujeres expulsadas de la historia de lo humano. El no poder ser para aprender porque sí. ¿Verdad Hipatia, Florence Nightingale, Emily Dickinson?


Y este reclamo es el que Arkesoul asume como una misión sagrada, que sustenta nuestra frase fundacional: honrar la vida y lo humano en sus infinitas posibilidades. Eso solo es cierto desde el conocimiento, eso solo será real cuando las mujeres, sepamos que solo por ello, por haber sido expulsadas del conocimiento, es que fuimos las desterradas de la historia de lo humano. Y nunca más.


Esta es la precuela que mi entrada de ayer merecía.


Solo es real el amor si antes hay justicia. Solo hay esperanza si antes vemos en las sombras, si nos vemos en la desnudez de quiénes en realidad somos. Tal vez si haya esperanza. Depende de volver cierto que nunca más habrá para nadie, un no puedes. Que las mujeres sean posibilidad.


Carmen Mariscal

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